6 de diciembre, día de la Constitución Española

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El 6 de diciembre es el gran día de España y de todos los españoles, porque es el día de nuestra Constitución. El día de nuestra Carta Magna, que marca los límites de una amplísima libertad, pero que a la postre evita su propia autodestrucción. Como la buena madre que da todo a sus hijos, pero sin poner en riesgo su integridad.

Es la norma suprema de la nación española que une y equipara a todos los españoles, sin distinción de ningún tipo. Pero que últimamente, unos pocos se están empeñando en violarla rompiendo las reglas del juego democrático que marca nuestra Constitución. Ocurre, por ejemplo, cuando alguien se apropia indebidamente de fondos públicos con el consiguiente perjuicio de la sociedad y sembrando la corrupción, cuando se maltrata a una mujer aprovechando la superioridad física, cuando se cuestionan las instituciones democráticas, cuando el afán desmedido y la soberbia llevan a querer dividir el territorio nacional y con él a los españoles, cuando no se busca consenso en las leyes educativas porque se busca construir centros de adoctrinamiento en lugar de escuelas de verdad, cuando se ataca a las creencias religiosas y a sus representantes bajo la falsa bandera de la laicidad, cuando se anima a una madre a asesinar a su propio hijo, cuando se rechaza la ayuda a los emigrantes que huyen de la pobreza y de regímenes totalitarios buscando una vida digna, cuando se anima a la juventud a la agitación en las calles en lugar de animarles a centrarse en sus estudios o en sus trabajos para vivir en paz, cuando se apoyan ideas que dividen y enfrentan a la sociedad como si la libertad consistiera en agitar y provocar.

La sociedad española votó y creyó en su Constitución. A ella le debemos 40 años de paz y libertad. No la pongamos en riesgo y respetémosla.

El desafío rebelde de quienes se empeñan en traspasar límites que no se pueden ni  deben traspasar debería terminar por el bien de todos y la defensa de nuestra Constitución. Está en juego la paz.

No es corta la memoria de muchos que todavía vivimos, que no somos tan viejos y conocimos parte del antiguo régimen y, por tanto, hemos estado más cerca en el tiempo de acontecimientos bélicos que arruinaron nuestra gran nación. Y no estamos dispuestos, tras una larga vida de lucha en difíciles condiciones, de volver atrás.

Sean bienvenidos todos los españoles que con su talento y talante desean conseguir un desarrollo de nuestra Constitución que todavía tiene mucho que ofrecer. Y quédense tranquilitos quienes con enferma manera de pensar y actuar atacan y quieren destruir la norma suprema de España.

La Constitución debería volver a la escuela como en aquellos días de su nacimiento, que orgullosos de ella, la recibían gratuita todos los niños en sus clases. Nos explicaban lo que era y afianzaba nuestra identidad. Gran parte de los problemas de convivencia que tenemos en nuestra patria vienen del desconocimiento de su contenido, lo que termina por ignorar que existe.

Los antiguos filósofos griegos no distinguían la razón de la voluntad. No se concebía que se pudiera pensar de una forma y actuar de otra distinta. Sócrates decía que el pecado era la ignorancia: si uno supiera lo que le hace bien, lo haría. Más realista era el poeta latino Ovidio, quien reconocía: “Veo lo que está bien y lo apruebo, pero hago lo que está mal”. De acuerdo, pero al menos era consciente de lo que hacía porque lo conocía. Lo malo es que no se conozca la norma y creamos que encima lo estamos haciendo bien, aunque así no sea.

40 años de Constitución es decir 40 años de paz y libertad. ¿Por qué empeñarse en morder la mano de quien nos las da? Con todo el trabajo que hay de verdad, ¿por qué cuestionar lo bien establecido y única puerta para alcanzar el progreso de verdad? Pongamos los pies y la mente sobre nuestra patria y luchemos por continuar en ese camino que iniciamos hace ya 40 años y que gracias a ella podemos gritar orgullosos que seguimos viviendo en paz.

¡Viva España, Andalucía y la Constitución!

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