Asociación Amigos del Pueblo Saharaui dice adiós a sus niños.

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Hablar de la historia del pueblo saharaui es hablar de una parte sensible de la historia de España. No es la ocasión, pero baste saber que el Sahara Occidental fue territorio español desde finales del siglo XIX. En el año 1975, coincidiendo con la muerte de Franco, el pueblo saharaui iba a realizar un referéndum de autodeterminación mediante el cual decidiría sobre su futuro, pero no fue así. En su lugar lo que se produjo fue una invasión militar de Marruecos. España abandonó al pueblo saharaui y éstos, tras largos conflictos bélicos, encontraron su refugio en uno de los lugares más inhóspitos del planeta, en la Hamada argelina, “el desierto de los desiertos”, donde los refugiados saharauis tienen que sobrevivir entre los extremos fríos del invierno y las altísimas temperaturas del verano. Todo ello acompañado de una gran pobreza. La gente no tiene agua, ni electricidad, ni nada de nada. Allí no hay más que arena y durísimas condiciones climatológicas.

Allí nos encontramos con unos niños que desde hace ya casi 40 años viven con la ilusión de que les llegue el verano para acogerse al programa “Vacaciones en Paz”. Participan con una actitud inmejorable, porque si tienen algo claro esas familias es que la lucha pasa por tener una buena disposición y formación. Y se esfuerzan por alcanzarla. En este sentido, les viene muy bien los dos meses que duran sus estancias en España. Evitan pasar el verano bajo un sol abrasador, disfrutan de reconocimientos y tratamientos médicos, se les proporciona equilibrio alimenticio, aprenden castellano, potencian los lazos históricos que unen a su pueblo con el pueblo español, crean vínculos familiares durante la acogida… Los niños aprenden y mejoran mucho en estos dos meses.

No se debe pensar que son pobrecitos que, después de probar lo bueno que le ofrecemos aquí, tienen que volver a sus crudas realidades, porque pesa más lo positivo que lo negativo. Todo lo que aprenden es riqueza que podrán incorporar a su pueblo. Pero sobre todo, porque por mucho que les demos, ellos traen mucho más. Nos dan verdaderas lecciones de humildad y de cariño. Cuando se marchan lo hacen con alegría porque a ellos les faltan cosas, pero les sobra cariño. ¿Cuántos de nosotros podemos decir eso hoy en día? ¡Dar más de lo que se recibe sin tener nada! Suena extraño, pero así es como funciona este programa. Porque no se trata del tener, sino del ser. La única diferencia que nos separa de ellos es la de los bienes materiales. En lo demás son como nosotros, aunque han aprendido a sufrir más que nosotros. Nos pueden enseñar mucho sobre humildad, sobre generosidad, sobre los placeres. Son niños que cuando les ofrecemos algo, nunca piden en exceso. Saben que no deben acumular cosas. Cuando regresan, saben que van a perder todos esos bienes materiales que han disfrutado durante dos meses, pero vuelven al calor de sus padres y hermanos, al amor de sus familias. Y no cambian ese amor por nuestro bienestar material. Tanto que podemos aprender de ellos…

Bard-eddin, Nayem y Cheija son los 3 únicos niños que han estado en el pueblo este verano. Se marcharon el pasado lunes día 3 de septiembre. Venían de 3 campamentos diferentes: Dajla, Auserd y El Aaiún. Dos niños y una niña que ya nunca olvidarán que hay gente en el mundo que está dispuesta a ayudarles. Se marchan pero no se olvidan. A partir de ahora se mantendrá ese vínculo que dará a las familias de acogida motivos para repetir el gesto y a ellos razones para continuar soñando con su libertad y la vuelta a su territorio ocupado. Se van con esperanza. Vuelven con la confianza que les han transmitido sus benefactores.

Desde este pequeño rincón de las letras queremos ofrecerles un homenaje y un recuerdo que procuraremos mantener a lo largo del año, para que cuando llegue el momento seamos valientes y demos un paso al frente, ofreciéndoles nuestros hogares para darles esa esperanza y contribuir son todos esos objetivos que hemos nombrado antes. Es una apuesta segura,  que nos aporta más de lo que ofrecemos.

Estos niños son el futuro del pueblo saharaui, pero necesitan nuestra ayuda.

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