Condenados a entenderse y no entenderse por condena

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El domingo pasado fue día de elecciones y a partir de ahí, días de análisis políticos de todo el mundo, aunque el que llega a nosotros por los medios de comunicación es el de los analistas políticos. Y ya que estamos en esto, ¿por qué no hacer también el nuestro? Total, nadie acierta y ninguno es correcto. Si lo fueran, seguro que Pedro Sánchez no habría convocado estos comicios. Así que nos atreveremos a hacer nuestro propio análisis al que invitamos a unirse a todo el que quiera opinar. A estas horas seguro que hemos escuchado muchas teorías sobre las razones, esas desconocidas, que han provocado la actual situación.

Lo que sí podemos afirmar, sin miedo a equivocarnos, es que las elecciones del domingo, por lo visto, costaron más de 140 millones de euros. Parece mucho, pero tratando de ser constructivos, podríamos decir que seguro que es menos de lo que algunos hubieran sido capaces de catapultar, si hubieran estado gobernando durante el período que el actual gobierno lleva en funciones.

También podemos afirmar que desde junio de 2018 llevamos con gobierno en funciones, más de un año a estas alturas. Un período largo, ciertamente, pero parece que el país ha seguido funcionando. Algunos hubieran sido capaces de hacer barbaridades, que hubieran puesto a España en serio peligro. Es cierto que han ocurrido cosas, pero los que han hecho fechorías han terminado con sus huesos en la cárcel.

Tampoco nos equivocamos si afirmamos que con los resultados de estas elecciones salimos casi con la misma situación que teníamos antes de celebrarlas. Luego,  para ese viaje no hacían falta alforjas, dirán algunos. Salvo que la situación, antes las fallidas investiduras, ya obligaba a celebrar elecciones, porque también los gobiernos en funciones parece que tienen un tiempo límite. De ahí que, en parte, el señor Sánchez dijera que la democracia nos ha llevado a estas elecciones. En honor a la verdad, hay que decir que no las hemos tenido sólo porque Sánchez quisiera convocarlas, sino porque la situación lo exigía.

Atendiendo ahora al número de escaños de las diferentes formaciones políticas, quienes mayor variación han experimentado han sido Ciudadanos y Vox. El uno por haber sido, aparentemente, el responsable del bloqueo político para formar gobierno y el segundo como consecuencia de los últimos acontecimientos acaecidos en Cataluña.

Todo parece indicar que los españoles quieren acuerdos, pero que no los quieren con quienes pretenden dividir España. Lo primero, parece deducirse del castigo aplicado a Ciudadanos; lo segundo, por la reacción tan fuerte en favor del partido que con más claridad habla de la unidad de España.

El PSOE y el PP mantienen a sus votantes. El Partido Socialista sacrifica tres diputados y el Partido Popular recupera parte de los votantes que se les fueron a Ciudadanos. Pero en general, podemos estar hablando del mismo número de votantes de ambos. Ninguno ha pagado por los movimientos de los separatistas, porque ninguno ha ofrecido pactos con ellos. Ambos partidos mayoritarios y con experiencia en la gestión de la nación saben que el pueblo castiga cuando se va contra natura y mejor les iría a los dos si pudieran llegar a entenderse.

En cualquier caso, siempre será mejor estar en funciones que gobernar con quien quiere destruir España. Por muy criticable que resulte el gobierno en funciones, siempre será lo menos malo.

Por tanto, los principales partidos nacionales están condenados a entenderse antes que tener que entenderse por condena, porque ésta sería la victoria del separatismo.

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