Despedida a José Antonio Begines, tamborilero y palaciego

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La vida ha tocado su final para nuestro queridísimo José Antonio Begines. A estos que se les adelanta la hora de la despedida los llevaremos siempre en el corazón.

Los que tenemos fe creemos que la vida no acaba, sino que empieza en la verdad. Desde donde estén, con seguridad desearían volver para contarnos que todo lo que Cristo anunció es verdad y que no debemos ofenderle con nuestro rechazo o ignorancia.

Entendemos que la despedida es dolorosa. Lo es en circunstancias normales, cuando una madre y un padre despiden a su hijo que se va lejos a trabajar y dejará de verlo con frecuencia, ¡cuánto más, cuando ya no lo verá más en esta vida! Esta es la despedida más dolorosa para el ser humano. Por eso, nos unimos en profundo pésame a los sentimientos de toda su familia, en especial de sus padres. Pero nos queda el consuelo de la resurrección, esa que ya ha experimentado José Antonio, que no se ha ido para siempre y al que volveremos a ver algún día. Y se puede hablar con él, porque seguro que desde donde él esté nos mira y nos prepara la estancia. Porque alguien que rezaba tanto a la Virgen con su flauta y su tamboril tiene que estar junto a Ella.

Hablar de José Antonio es hablar de perfección en lo que hacía, alicatador de profesión, un oficio que él y sus hermanos aprendieron de su padre. Los hermanos Alfaro se conocen en el pueblo como unos de los mejores en este arte de revestir paredes y suelos con azulejos que dejan perfectamente colocados. Y José Antonio, siendo el mayor de ellos, fue el primero en dar ejemplo del trabajo bien hecho. Sus hermanos le tuvieron como modelo junto con su padre.

Pero, además, todos estábamos acostumbrados a ver a José Antonio siempre tocando la flauta y el tamboril. En cada romería del pueblo o de las pedanías, en cada misa de romero, en cada acto que lo invitaran. Siempre aparecía y nunca rechazaba la llamada. Por eso, la Virgen no lo va a abandonar en este momento y de la mano de Ella entrará por las puertas del cielo.

No es casualidad que haya tenido que ser en el mes de mayo. Al final, cuando ya había prestado todos sus servicios de tamborilero a casi todos los actos dedicados a la Virgen durante ese mes. Parecía que se estuviera preparando, anunciando con su flauta y su tamboril que iba camino del paraíso; y antes de la romería del Rocío, donde tantos romeros le van a dedicar muchas oraciones que le acompañarán en su nuevo camino.

La multitudinaria asistencia que recibió en el funeral demuestra que era una persona muy querida. Fue un honor tenerle tantos años entre nosotros. Dios lo tenga en su gloria.

Hasta pronto José Antonio, amigo.

2 Comentarios

  1. Muchísimas gracias, sentidas palabras que a su familia nos han llegado al corazón, todo el tuvo la suerte de conocerlo ha sentido su perdida y solo recordar la cantidad de gente fue a despedirlo sirven para hacerse una idea de lo querido que es, hasta luego hermano.

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