José Manuel Peña puso al público en pie con su Pregón del Rocío.

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Con una Salve dio comienzo la presentadora, Miriam Castillo Domínguez, al  XLIII Pregón del Rocío Hermandad de Los Palacios y Villafranca. Ella, amiga del pregonero, José Manuel Peña Sutil, hizo una descripción de como nadie podría hacerlo mejor, con todo el amor que mueve para estar motivado y salir con la fuerza que lo hizo nuestro anunciador. Bastó la melodía de una flauta de tres agujeros y un tamboril junto a  aquellas  palabras de amor para que rápidamente todos estuviésemos metidos en el aire marismeño.

Asistieron al acto don Luis Merello, director espiritual de la Hermandad del Rocío de Los Palacios, don José Sánchez, presidente del Consejo de Hermandades y Cofradías, el Hermano Mayor de la Hermandad del Rocío, don Federico Maestre, el alcalde, don Juan Manuel Valle, que presidían y acompañaban al pregonero en la tribuna del escenario.

Tras la emotiva presentación, llegó el turno de  José Manuel, quien tras la bendición de don Luis, el cura, se puso a los pies del simpecado para encomendarse a la Virgen del Rocío.

Con la fortuna de unos padres cristianos y la infancia vivida bajo el manto de la Virgen llegó a este gran momento de su vida rociera. Con el recuerdo de sus abuelos y de un olivo, cuyas aceitunas representan la fe, que da como fruto ser hermano del Rocio. Lo tenía todo a favor para ser elegido pregonero de la Virgen del Rocío. Sacó pecho por ser cristiano y por la fe católica que profesa, transmitida por sus padres y abonada por la Hermandad a la que pertenece desde niño.

A las puertas del Rocío y en una jornada que, por destino de la Providencia, coincidía con la jornada de reflexión antes de las elecciones europeas y municipales, consiguió instalarse en el alma de todos los rocieros. Lo hizo sin tregua para prepararse, pues la salida de José Manuel, tras la motivadora intervención de la presentadora, fue como la de los mejores Miuras. La fuerza con la que salió y la cantidad de piropos que dirigió a la Virgen del Rocío,  agotó la imaginación de los más rocieros. No se le podían dirigir más, ni más bonitos piropos a la reina del cielo.

Un canto a su niñez, al amor, a la amistad, a la Providencia, con un Espíritu Santo que enciende los corazones. El suyo era, esa noche, un corazón en llamas. Otro canto al pueblo de Los Palacios, a la vida palaciega, caracterizada por su generosidad y la unión, como expresión de su humanidad.

Y, ¿cómo no? llegó el turno de la Virgen, a la que José Manuel le había ya preparado el camino, recordando en primer lugar, cómo fue coronada aquel 8 de junio de 1919, hace ahora cien años. Y como volverá a serlo otra vez, fruto de los donativos de todo el mundo, el mismo día que entraremos en el año jubilar del Rocío. Privilegio que ha sido concedido por el Papa Francisco y que durará un año, hasta el 7 de junio de 2020.

Continuó el pregonero con el canto al camino que lleva a Ella, el “único camino” cuando llega mayo. Siempre en Hermandad, siempre unidos, como buenos cristianos y rocieros, asidos a Ella. Hasta que llega la hora de verla en la calle. Entonces, José Manuel vive el momento con ansias porque se pare el tiempo. Pero entiende que el Rocío nunca se termina, que dura todo el año y así es como se despide, con la sonrisa alegre del buen rociero, siempre en camino.

Tras cada canto, un poema. Y en cada uno, una gran pasión. Por su boca salían las palabras con la fuerza del buen rociero. Como él mismo recordaba en palabras de Muñoz y Pabón: “¡El Rocío es el más expresivo grito de fe y el más apasionando llanto de amor a María Santísima, que sale de toda esta Andalucía durante todo el año!” Así eran los poemas de José Manuel, cargados todos de una expresividad que, cuanto más le exigían, con más fuerza los ofrecía. Porque su amor por el Rocío lo podía todo.

“¡Que arte!”, se oía entre el público. Así es, en pocas palabras, como podemos definir al pregonero. O como lo dice su hermano, que recordó su presentadora:   “¡grande, muy grande!”.

Si quieren conocer la fuerza del pregonero visiten cualquiera de los vídeos de nuestro Facebook “El Palaciego” y podrán comprobar de lo que hablamos.

Su presentadora, pañuelo en mano, no podía retener las lágrimas, porque en ella se cruzaban los sentimientos hacia el pregonero y los de ser rociera.

Perfecto el formado y bien escogidos los temas. Agotó todos los piropos a la Virgen, a la que no se le pudieron dirigir más palabras bonitas. No se puede negar que José Manuel vive el Rocío y lo supo transmitir.

A la clausura de su pregón, con el público en pie, un tamboril tocaba el himno andaluz y remató con el himno de España.

El Hermano Mayor, Federico Maestre y el alcalde, Juan Manuel Valle, elogiaron tanto las palabras de la presentadora, como del pregonero, José Manuel Peña, que con un “He dicho” remató la faena y se ratificó en todo lo expresado en su pregón.

Al acto del teatro siguió una convivencia en el restaurante Manolo Mayo, donde se ofrecieron los regalos propios del acto.

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