La Hermandad de la Vera Cruz despidió el Triduo a Nuestro Padre Jesús Cautivo con su tradicional Besamanos.

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El pasado domingo, 03 de marzo, la Hermandad de la Vera Cruz celebró su tradicional besamanos como broche de oro del triduo dedicado a Nuestro Padre Jesús Cautivo.

Hasta allí se desplazó la redacción de El Palaciego encontrando su imagen de frente, que parecía acabado de descender,  para que su perfume inundara las almas de todos los hermanos de la Vera Cruz que le visitaban en el día del Señor. Allí se concentraron todos los devotos, que tras la semana de culto que le habían dedicado, quisieron pedirle favores, adorarle,  pedirle perdón o darle gracias.

Recibiendo a todos los presentes estaba el Hermano Mayor, Juan Gavira, con actitud de recogimiento y seguramente encomendando a todos los hermanos de la cofradía. Pendiente de todos los detalles y de mantener el clima de piedad que todos mostraban ante la talla del Cautivo, más hermoso que nunca. Fiel custodio que quiere lo mejor para su rebaño, llamando a sus todos a seguir una vida auténticamente cristiana hasta sus últimas consecuencias.

“El hombre es igual que un soplo;

sus días, una sombra que pasa”.             Salmo 143(1)

Es tiempo, dentro del período litúrgico que se avecina, de reflexionar sobre los novísimos. El deseo de la vida eterna y el encuentro con el Señor late en el pecho de todos los hermanos de esta  Cofradía. El es quien les guía y muestra su camino.

Mientras disfrutamos de esta vida terrena es tiempo de merecer, siendo cada día mejores. Esto nos trae la ya próxima Cuaresma, que es tiempo de conversión. Quienes cumplen con la ley de Dios, tienen como promesa ganar el ciento por uno desde este mismo momento y la vida eterna después. Entonces habrá un cielo nuevo y una tierra nueva. Merece la pena pedir siempre que el Señor nos aumente la fe, confiando plenamente en Él.

Tras estos días dedicados al culto del Cautivo, llegamos a las puertas de la Cuaresma besando sus manos. Quienes se acercaban dejaban atrás todo lo que tuvieran que hacer ese día para dedicarle su tiempo, uno de los mayores regalos que podemos ofrecer a Dios; sabiendo que no es tiempo perdido.

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