PEREGRINACIÓN DE LA ASOCIACIÓN DE LA MEDALLA MILAGROSA EN TIEMPOS DE PANDEMIA.

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El mes de mayo es ocasión propicia para dirigirse a la Virgen y que nos muestre a su Hijo. Con esta devoción, el Consejo Local de la Asociación de la Medalla Milagrosa se dirigía el pasado día 12 de mayo al cortijo de Los Frailes, sede de la Virgen de la Medalla Milagrosa, donde, como todos los años, se realizó la ofrenda floral a la Virgen.

Este año se llevó a cabo en un formato mixto. Por un lado, el consejo se dirigió en coche  al cortijo de los Frailes para realizar la ofrenda floral a la Virgen; y, por otro, los devotos  de la Virgen, que no pudieron acudir, realizaron una peregrinación espiritual. Se cumplía así con las normas de seguridad prescritas por las autoridades sanitarias como medida de prevención.

La Virgen recibió sus flores, como cada año. Pero con la particularidad que cada flor representaría a cada uno de los devotos que no pudieron acudir a esta peregrinación. El olor de las flores le recordarían a la Virgen a cada uno de los ausentes.

Fue, por tanto, una peregrinación con menos piernas pero con más corazón que nunca. Pues el anhelo de la ausencia hace crecer la devoción. Así los peregrinos recorrieron con su mente el camino y vivieron con la esperanza de que cada uno de los pasos que dieron espiritualmente les acercaba más a la Virgen y, por Ella, al cielo.

No hay dificultad, se llame como se llame, que apague la esperanza de un pueblo que ve en María el camino que nos marca el encuentro con su Hijo.

Con esta alegría los miembros de la Asociación de la Medalla Milagrosa vivieron este año una peregrinación especial. Es mucho lo que tenían que ofrecer y pedir a la Virgen Milagrosa, sobre todo en lo que se refiere a la salida de la grave situación por la que atraviesa nuestro país. En Ella pusieron todas las esperanzas de salvación, como farol que alumbre el camino en medio de las tinieblas.

Son los momentos en los que la fe lleva a las personas a un cara a cara frente a la Virgen para pedirle el fin de esta pandemia que nos mantiene a todos encerrados, como a los apóstoles en tiempo de Pascua, después de la Crucifixión de Jesús. La Providencia ha hecho coincidir estos momentos con aquellos. Tiempo propicio para la oración y la penitencia, que, este año, de forma especial se ha centrado en el pueblo español, que sigue luchando contra esta terrible enfermedad del COVID 19, para que la Virgen Milagrosa de la fuerza y con fe y perseverancia se pueda salir. También se rezó por las almas que han dado el salto al encuentro definitivo con el Señor, así como por sus familias.

Recordamos que la historia de la Medalla Milagrosa comienza la noche entre el 18 y 19 de julio de 1830. Un niño (tal vez su ángel de la guarda), despertó a la Hermana (ahora santa), Catalina Labouré, una novicia en la comunidad de las Hijas de la Caridad en París, y le pidió que fuera a la capilla. Allí, Catalina se reunió con la Virgen María y conversó con ella por varias horas. Durante la conversación María le dijo: “Mi niña, te voy a encomendar una misión”.

Entonces María dijo a Catalina: “Haz acuñar una medalla según este modelo. Quienes la lleven puesta recibirán grandes gracias, especialmente si la llevan alrededor del cuello”. Catalina le explicó a su confesor cada una de las apariciones con detalle. Ella no reveló que había recibido el diseño de la Medalla hasta un poco antes de su muerte, 47 años después.

Con la aprobación de la Iglesia, las primeras Medallas fueron creadas en 1832 y distribuidas en París. Casi inmediatamente, las bendiciones que María había prometido empezaron a derramarse sobre aquellos que llevaban puesta su medalla. La devoción se propagó como fuego. Milagros de gracias, salud, paz y prosperidad siguieron. Dentro de poco, la gente comenzó a llamarla “la Medalla Milagrosa”. En 1836 se emprendió una investigación canónica en París declarando las apariciones auténticas.

Una vez más la Asociación de la Medalla Milagrosa de Los Palacios y Villafranca agradece a la familia Guzmán y Moreno la acogida que como todos los años le ofrecieron, abriéndoles las puertas del cortijo y de sus corazones.

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