Romería de Maribáñez

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Comenzó la romería con la bendición que el párroco de Maribáñez, don Julián Hernández, impartió sobre todos los presentes, que se disponían a participar en la romería del pueblo, con la que todos los vecinos se encomendaban al santo patrón para que intercediera y favoreciera la jornada de convivencia.

Allí se concentraron todas las fuerzas políticas del pueblo, tanto las que configuran el actual consistorio como las que forman parte de la oposición, todos acompañando la romería.

Montado el santo patrón en la carreta tirada por los bueyes de Manuel Salmerón, partió para el Eucaliptar de la Presas, sobre las 10 de la mañana. Por delante quedaba un camino que duraría unas 3 horas y media, no por la distancia desde el pueblo, sino por la cantidad de paradas que los vecinos de la pedanía realizarían para cantar y bailar delante del santo.

Prácticamente estaba el pueblo entero, que acompañó a caballo, andando, montados en sus carretas o en galeras tiradas por tractores.

Cada año parece que aumenta el número de carretas, debido a la norma de favorecer la cercanía al simpecado de aquellos que van en carretas tirados por animales por delante de los tractores que van al final de la caravana.

Por delante del simpecado cabalgaba un grupo de jinetes que abrían paso a la carreta del simpecado y al resto de la caravana.

Una perfecta organización que es mérito de la desinteresada comitiva que se encarga de hacerlo cada año, por tradición y amor a su romería. Son quienes marcan las normas, tomando las medidas que garantizan el orden de la procesión.

Un gran día de convivencia en la que gracias a Dios y a la intercesión del patrón no hubo que lamentar ningún tipo de incidente.

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