Tradicional celebración del patrón de Los Palacios y Villafranca: San Sebastián

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El pasado domingo 20 de enero se celebró el día del santo patrón de nuestro pueblo, San Sebastián. La función solemne se celebró a las 11 de la mañana y estuvo presidida por el actual párroco de Sta. María La Blanca, don Diego Pérez. Concelebraron los párrocos del Sagrado Corazón, don Luis Merello y del Buen Pastor, don José Antonio Barbero Figueroa.

Al acto acudieron igualmente representantes de la policía local, de la guardia civil, de todas las hermandades y del equipo de gobierno local, con el alcalde, don Juan Manuel Valle y el delegado de festejos a la cabeza. Asimismo, acudieron los representantes de los partidos políticos de la oposición.

Al término de la función, se realizó la tradicional procesión que recorrió algunas de las calles de nuestro pueblo, con el acompañamiento musical de la Banda de Cornetas y Tambores del Santísimo Cristo de la Vera Cruz

Don Diego hizo un llamamiento a los asistentes para que, en una época en la que confundimos la doctrina, a veces por error y otras por ignorancia, prestando culto a falsos dioses, practicando una idolatría que nos aparta de nuestra madre la Iglesia, seamos capaces de mantener la fortaleza a ejemplo de san Sebastián. La Iglesia jamás ha transigido con el error en la doctrina de fe, con la verdad parcial o deformada; se ha mantenido siempre vigilante para mantener la fe en toda su pureza.

El ejemplo de San Sebastián debería servir para mostrarnos el camino de la coherencia, en unos momentos especialmente delicados de una época marcada por la persecución de la iglesia, unas veces cobrándose las vidas de quienes profesan su fe, como el caso de países donde se practica el terrorismo contra los cristianos, y otras, persiguiendo sus ideas y atacando una doctrina que se considera obsoleta, a fin de instaurar unas ideologías que no son compatibles con la doctrina de la Iglesia.

Fue a principios del  siglo XVI cuando se debió construir la ermita que sus primeros devotos consagraron a San Sebastián, insigne capitán de los ejércitos romanos que vivió entre los s. III y IV, quien puesto ante la tesitura de dar culto a los dioses paganos, no dudó en negarse pues el sólo daba culto a Jesucristo, al único Dios verdadero a quien debía su fidelidad. Por este motivo, el mártir san Sebastián era invocado como protector frente a los enemigos contra la fe. Probablemente motivo por el que se hizo popular en nuestras tierras que durante siglos estuvo asediada por los moros. Este don de fortaleza es el que se sigue invocando en la oración que se reza el día de san Sebastián, rogando para que seamos capaces de obedecer a Dios antes que a los hombres.

Cristo ofrece su vida, su sangre, para que la Iglesia tenga ese vino nuevo que la Virgen pide para los novios en los que estamos todos bien representados. Faltó vino en la boda que relata la biblia, de la misma forma que falta en nuestras vidas acomodadas y poco decididas, vidas oscurecidas por el materialismo, la sensualidad y el deseo de bienestar, que necesita de hombres y mujeres fieles que en medio de sus quehaceres sean la alegría de Dios en el mundo. Pero ese vino nuevo del que se nos habla debe ser contenido también en vasijas nuevas, que representan nuestras almas que deben ser recipientes dignos, para conducirnos a la libertad mediante la gracia que nos renueva. “La vida y la sangre de Cristo es el Espíritu Santo que se derrama constantemente en la Iglesia para su purificación”, según palabras de don Diego.

 

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